Capítulo 17: El Plan de los Valientes

En la sierra, la revelación de Gertrudis y la posterior noticia de la inminente boda de Patro, traída por un pastorcillo, obraron un cambio milagroso en Antonio. La apatía se transformó en una furia fría y calculadora. La traición, que antes lo había paralizado, ahora lo impulsaba a la acción. Comprendió, con una claridad meridiana, la verdadera naturaleza del sacrificio de Patro. No lo había traicionado; se había sacrificado por él. Y él, en su ceguera de dolor, había estado a punto de abandonarla a su suerte.

Reunió a sus hombres en la cueva principal. Su voz, al hablarles, había recuperado su antigua firmeza, su antiguo poder de convicción.

—Nos han engañado —les dijo, y sus palabras resonaron en la cueva como un trueno—. Patro no es una traidora. Es una heroína. Se ha vendido al diablo para salvarme la vida. Y nosotros, como idiotas, nos lo hemos creído. Pero eso se ha acabado. Vamos a rescatarla. Vamos a sacarla de las garras de ese malnacido de Urdiales, aunque sea lo último que hagamos.

Un grito de júbilo y de lealtad respondió a sus palabras. La partida de "el Tobero" volvía a estar unida, con un propósito común, con una sed de justicia que había sido avivada por la injusticia cometida contra la mujer que todos, a su manera, habían llegado a querer y a respetar.

El plan de rescate fue una obra de arte de la estrategia guerrillera, una sinfonía de audacia y astucia en la que cada hombre tenía un papel crucial que desempeñar. No podían atacar el cuartel, fuertemente custodiado. No podían emboscar al capitán, que ahora se movía siempre rodeado de una escolta impenetrable. Tenían que golpearlo en el corazón de su orgullo, en el momento de su mayor triunfo: el día de su boda.

El plan, bautizado por "El Vivillo" como "El Plan de los Valientes", se dividió en tres fases, coordinadas con la precisión de un mecanismo de relojería.

Fase 1: La Infiltración.

"El Vivillo", maestro del disfraz, se haría pasar por un vendedor ambulante de telas y se pondría en contacto con la madre de Patro. A través de ella, le haría llegar a Patro el mensaje de esperanza y le pediría su colaboración. Necesitaban que Patro, desde dentro, les proporcionara información y creara una distracción en el momento oportuno. La petición de que las puertas de la iglesia estuvieran abiertas fue la primera y más importante contribución de Patro al plan.

Fase 2: El Caos.

El día de la boda, mientras la ceremonia se estuviera celebrando, una parte de la partida, liderada por "El Pernales", crearía una serie de distracciones en puntos estratégicos de Estepa. Prenderían fuego a un pajar en las afueras, provocarían una estampida de ganado en la calle principal, harían correr el falso rumor de un ataque bandolero en la otra punta del pueblo. El objetivo era sembrar el caos y la confusión, dividir a las fuerzas de la Guardia Civil y alejar del centro de la acción, la iglesia, al mayor número posible de efectivos.

Fase 3: El Asalto.

En el momento de mayor confusión, cuando las campanas de la iglesia tocaran a gloria para celebrar la unión de los novios, Antonio y el resto de sus hombres irrumpirían en la iglesia por las puertas principales, abiertas de par en par gracias a la astucia de Patro. Su objetivo no era una masacre, sino un golpe de mano rápido y contundente. Reducir a los guardias que quedaran en la iglesia, capturar a Urdiales y rescatar a Patro.

Los días previos a la boda fueron un hervidero de actividad en la sierra. Se limpiaron las armas, se prepararon los disfraces, se estudiaron los planos de la iglesia y del pueblo. Cada hombre ensayó su papel una y otra vez, hasta la perfección. Gertrudis, convertida en la intendente de la operación, se encargó de la logística, de la comida, de las medicinas para los posibles heridos. Su antigua rivalidad con Patro se había transformado en una alianza de mujer a mujer, unidas por el amor al mismo hombre y por el odio hacia el enemigo común.

Antonio, por su parte, se preparaba para el enfrentamiento final con Urdiales. Ya no era una cuestión de honor, ni de justicia social. Era algo mucho más profundo, más personal. Era la lucha de un hombre por la mujer que amaba, la lucha de la luz contra la oscuridad, del amor contra la tiranía. Sabía que se jugaba la vida, pero no le importaba. Una vida sin Patro ya no era una vida. El plan de los valientes estaba en marcha. Y el día de la ira se acercaba.

La historia continúa...